Meriendas escolares que no faltan ni un día
En un barrio de laderas, setenta personas aportan 2 dólares. Con ese caudal estable, una escuela compra avena, leche y fruta para cubrir meriendas de los viernes, justo donde antes se improvisaba. Las fotos, publicadas con consentimiento y cuidado, muestran mesas sencillas y sonrisas cansadas pero plenas. Ese testimonio, repetido mensualmente, contagia a otras vecinas y sugiere que la continuidad vale tanto como la cantidad, porque protege la rutina que nutre y abraza.